¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para no aceptar la muerte?
- infrarrojo filmfest
- 26 abr
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A Vampire’s Kiss (2024), cortometraje dirigido por Mark Francis, explora el terror de una manera atmosférica y persistente. No rehúye el impacto directo cuando la escena lo exige, pero entiende que el verdadero horror no se agota en el miedo repentino. Desde sus primeros momentos combina elementos de tensión abrupta con una construcción narrativa paciente, proponiendo una experiencia que resulta envolvente para el espectador.
El relato nos introduce a una primera historia en la cual emerge uno de los dispositivos más reconocibles del género: el objeto maldito, aquí encarnado en la calavera. Un artefacto sobrenatural que funciona como un condensador simbólico donde convergen conocimiento prohibido, ritual y transgresión. Su presencia conecta de forma natural con el folk horror, evocando mitos ancestrales sobre el mal y sugiriendo que ciertas fuerzas no pertenecen a una sola cultura, sino que sobreviven al paso del tiempo, adaptándose a nuevas formas y contextos.
Con este trabajo el director logra que lo sobrenatural no eclipse lo humano, sino que lo intensifique. Cada decisión estética y narrativa parece alineada con una misma idea: el horror más profundo no proviene del más allá, sino del impulso de negar la pérdida y de forzar un reencuentro imposible.
A Vampire’s Kiss se consolida así como un ejercicio de horror íntimo y atmosférico, respetuoso con la tradición del género y atento a sus posibilidades expresivas. Un cortometraje que inquieta y al mismo tiempo deja flotando una pregunta incómoda: ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para no aceptar la muerte?
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